
La efedra, por ejemplo, es el principio activo de la planta Ephedra sinica, de la cual también deriva la efedrina y a partir de esta producen algunos derivados como las anfetaminas. Los efectos de estas sustancias en el individuo son similares a los de la adrenalina y noradrenalina: son básicamente estimulantes. Pero no confundamos. El hecho de que el principio activo provenga de una planta y que su efecto sea parecido al de una sustancia endógena no significa en ningún momento que su consumo esté libre de todo riesgo.
La FDA ha estado teniendo dificultades en la regulación de la manufactura y el mercadeo los productos que contienen efedra, junto con otros suplementos nutricionales, porque son vendidos precisamente como suplementos y no como fármacos. Muchas de las etiquetas resultan muy vagas. Las promesas y alegaciones no son muy claras y frecuentemente siguen afirmaciones como esta: “Esta declaración no ha sido evaluada por la FDA”; y de esta forma los fabricantes de suplementos dietéticos y remedios herbales merodean la realidad. Ya podrían aprobarse leyes para imprimir etiquetas fáciles de comprender. Dado que nuestras normativas sanitarias son una grosera extrapolación de las de Estados Unidos, podemos deducir cómo están la situación un poquito más al sur.

Otro asunto, justamente sería ir un poquito más allá. Siguiendo con el mismo ejemplo, los preparados con efedra señalan algunas contraindicaciones. Quizá no estaría de más “profundizar levemente” por qué están contraindicados en cierto tipo de pacientes, probablemente esta información ayude a inferir a qué se debe el efecto que experimentamos al ingerir la sustancia.
Y así como la efedra, hay cualquier cantidad de compuestos que están a la venta libremente, unos más inocuos que otros; sin embargo no es para nada imprudente asumir una postura aprensiva antes de adquirir cualquier cosa. No se trata de incredulidad cerrada y ciega, es más bien un poco de escepticismo.