5.28.2005

un día para no olvidar

Abusos varios en banana republic


Sí, ayer hubo marcha. Ayer hubo una movilización masiva. Las dirigencias sindicales lograron convocar a muchisimas personas. El escenario era prácticamente el mismo que el de la vez pasada; y ahora puedo contarlo todo en primera persona. Me fue posible ir y lo que se vió fue sencillamente brutal. La cantidad de policías que estaban dispuestos en esa zona era insospechada, con decir que estaba (al igual que las otras veces) la polícia fronteriza del Darién metida en el asunto. Una cosa es ser un espectador desde la comodidad del hogar y tengo que decir que otra muy distinta es ver el despliegue con tus propios ojos. Estaban por absolutamente todos lados, inclusive las azoteas de los edificios. Podría resultar muy subjetivo, pero puedo decir que hasta la actitud que tenían daba la impresión de que estaban hambrientos de cualquier movimiento en falso por parte del que fuera.

Era una tensa calma. Los manifestantes eran en su gran mayoría mujeres; señoras mayores de cuarenta años que coreaban rimas por demás simpáticas. Obviamente, también habían varones y en general gente de distintas edades, pero el grueso eran realmente estas señoras. Se veía que la gente estaba por emoción, más que por cualquier cosa. Están cansados de imposiciones, pero hombre, hay que ser consciente cuidar el trabajito. No obstante una vez empezaron a caminar el clima de solidaridad de veras podía percibirse.

La marcha partió a las 4, pero la gente estaba en el Parque desde las 3 o quizá antes. Durante el trayecto me atrevo a decir que sí había gente infiltrada y que era sencillo reconocerlos por un detalle: el corte de cabello. La gente lo sabía, pero con la más discreta complicidad eran ignorados, para no caer en provocaciones, de manera que todo el proceso se dio de forma normal. A las 6 ya estaban en las afueras de la Asamblea, y se puede decir que a las 6:30 la gente estaba empezando a irse. Algunos de los que se quedaron se formaron en el piso y prendieron velas, otros escuchaban una suerte de discursos improvisados de algun que otro dirigente sindical; cuando a eso de las 7:00, estando ya oscuro, salieron chiquillos del área, el típico chombito, flaquito, canilludo y rodillón que va en chancletas y short de educación física (o educación química, quien sabe) y empezaron a destruir semáforos y la poca propiedad del Estado que había por allí. Los líderes recogían a su gente como podían, diciéndoles que ya era hora de irse, "este lío no es con nosotros". Los manifestantes genuinos les llamaban la atención, los abuchearon, les ordenaron que se detuvieran, pero los chiquillos en su defecto apedrearon guardias cuanto quisieron y estos no dudaron ni medio segundo en avanzar. Lanzaron las tan esperadas lacrimógenas y la gente empezó a correr como pudo.

En televisión se veía como agarraban a viejos y a mujeres y los tiraban, según la voz narrativa para dar auxilio a razon del efecto de las lacrimógenas. De tener un interes legítimo, las bombas no hubiesen sido arrojadas. En televisión no salía el audio real, insultaban a la gente de una forma tan denigrante, que sólo podían despertar repudio, porque más nada podía hacer el detenido; llevaba sencillamente las de perder. A un viejo lo agarraron a la altura del Mercado de Artesanías y le reventaron la oreja a patadas. Tiraban a la gente al piso, a cualquiera, menos a los provocadores y los pateaban en el pecho, les decían atrocidades que nunca oí, y no porque yo tenga un oído virgen a insultos, no vengo de una cajita de cristal. Una cosa tan evidente, se sabía el biotipo y la clase de gente que había empezado todo, pero qué más daba. Estos policías, faltos de combates reales, y de suficientes pantalones para pararse firme ante la delincuencia diaria, vieron muy cómodo llevarse a la gente honesta, gente de pueblo igual que ellos, gente que podía ser su padre, su tío, un hermano, ve tú a saber.

De la suerte de cada detenido no puedo dar cuentas, pero sí de un grupo que fue llevado a la subestación del Chorrillo. A la chota subieron cerca de 30 hombres, fueron insultados y tratados peor que a un delincuente. Despues de estar horas en un pasillo estrecho, los guardias se dignaron a meter a CINCUENTA en una celda de espacio extemadamente reducido. Estaban literalmente hacinados, con aguas servidas que alcanzaban hasta 7 cm de altura, una micro piscina con excretas flotantes, sin ventilación ninguna, y un techo de hojas de zinc que transpiraba el mismo sudor de la gente ahí recluida. Fueron mantenidos allí por nueve horas, sin derecho a llamar, sin agua, sin tener donde sentarse, mucho menos donde dormir, sin comida, sin nada; algunos a punto de desfallecer en un sitio tan hostil. Desesperados exigían sus derechos mínimos pero en el mejor de los casos eran ignorados, en el peor hasta retados por los guardias a agarrarse a guante limpio. Las condiciones eran como en las celdas de la Edad Media. Estos señores entrenados con el unico objetivo de mantener el orden sin tomar en cuenta que es justo y qué no realmente actúan peor que unas bestias.

En general los suplicios fueron múltiples. Lo único que queda es esperar que no haya sido en vano. Sin luchas no hay victorias.

2 comentarios:

Alex dijo...

Pues por aquí no sale nada de esto en las noticias, estaremos demasiado preocupados en cómo queda Fernando Alonso en la Fórmula 1...

wakalani dijo...

Normal. Por cierto, cómo quedó? :)

La verdad es que acá los medios hacen "la cobertura" de los acontecimientos, pero hay cosas que son obviadas. Cubren el momento en el que se forma el trepaquesube, el vandalismo y algun policía "rescatando" a alguien, eso vende, pero lo que pasa después pocos lo saben y los que lo saben, lo pasan por alto.