Hay momentos que cuando te das cuenta abruptamente de algo, alguna cosa que no encaja en el patrón habitual de la rutina, cuesta un poco hacerse a la idea. Pero en lo que pasa el tiempo, podría ser que nos vamos "
desensibilizando", acostumbrando un poco más a esas realidades hasta hacerlas parte de la cotidianidad. De manera que ves a la amiga injusticia al lado tuyo y no le das ni los buenos días porque entras a las ocho a.m. y ya son las seis. Mi objetivo último es caer en la ética falsa y que agobiante (parece que no hago bien el esfuerzo), y creo que también vale considerar que hay situaciones muy relativas, pero quizá, en ocasiones, bajo el amparo del paraguas de la relatividad, se pasan por alto muchas cosas. Es entonces cuando todo comienza a convertirse en una especie de circo en el que ves lo que sucede afuera - y adentro - y te crees ajeno, no lo sé.
Con la parcial masificación y la total manipulación de los medios, resulta sencillo ver imágenes de condiciones que impactan incluso a los que viven en
la misma situación que se les intenta comunicar. Y no, no me refiero a identificarse con los hechos, me refiero a esta especie de ceguera de la realidad que no permite ver lo que hay, sino lo que unos cuantos quieren que la pluralidad vea.
Se habla de hambre. En los centros de trabajo, escuelas, en cualquier sitio nunca falta una
colecta de alimentos para los fulanos de tal que estan en la sierra tal,
colecta de ropa para los menganos que estan en el barrio cual, y felizmente siempre queda cooperando quien precisamente necesita lo que dona. A esto le llamamos solidaridad. Yo le llamo inequidad. Lo que me falta a mi , lo otro lo tiene que tener. Quizá sea el mismo que
representa a los desamparados, quiza sea el mantiene el telón arriba.