12.17.2005

Let's get ready to rumble!

Me acuerdo que cuando era chica, siempre decía que el mejor regalo de cumpleaños era el pago de mi propia tumba, por alguna razón me parecía más inadecuado comprármela yo misma, pero siempre pensé que era importante tener esas cosas aseguradas. Y es que cuando me enteré que al morir, la mayor parte del tiempo "el muerto le queda a otro" me pareció terrible que de la noche a la mañana tengas un gasto imprevisto más, si se trata de una muerte inesperada...
De todo esto me acordé cuando vi aquélla
paciente terminal de 29 años con un cáncer de colon que estaba hospitalizada. Fuimos a atender una interconsulta a psiquiatría, pues aparentemente, tenía problemas para dormir. Los médicos tratantes le habían prescrito un fármaco que estaba haciendo efectos secundarios y además no cumplía la función sedante en la paciente, con lo cual psiquiatría debía intervenir.
Cuando llegamos estaba confusa y desorientada. Su familiar, que en ese momento sospechamos que era la madre nos describió el cuadro y relató la historia. La verdad es que hasta el momento había tenido una vida difícil, siempre colmada de pérdidas y por lo visto había aprendido a perder. Lo más impactante es que
la chica ya tenía su funeral programado, pero con el entusiasmo con el que se organizaría una despedida de viajes. Cada detalle lo había cuidado y planificado. Nos quedamos de piedra.
Días después volvimos. La mujer estaba perfectamente consciente y se veía tan mejorada, eso es lo que se llama
recuperación del paciente terminal, porque sin querer pecar de arrogante, el pronóstico de la joven puede ser cuestión de semanas.
Estando más lúcida y repuesta, le preguntaron si la señora aquélla era su madre. "Es como si lo fuera, pero es mi hermana", respondió y entre una cosa y otra sugió en la conversación que había otra hermana que también había ejercido el mismo papel. En eso llegó esta segunda, pues ya había orden de salida y venía a llevársela. Tan solícita como una sierva la mujer atendía los pormenores de las órdenes médicas. Después de eso, nos confundió con otro equipo de médicos al los que le había prometido llevarle fotos de la paciente. Era como una tarjeta de navidad con la foto de la chica empollerada, con una pollera que
ella misma había hecho, a mano, un mes atrás. Sin duda ella se estaba despidiendo con toda la naturalidad del caso, estaba dejando recuerdos...
Con tantas cosas que nos habían contado, no entendíamos como era la estructura familiar en el caso de la chica, así que al salir del cuarto, los hicimos un familiograma que quedó más o menos así:

Sencillamente, impresionante.

2 comentarios:

Foucault dijo...

Quien no ha tenido la fantasía de asistir a su propio funeral?

wakalani dijo...

Es cierto. Da mucha curiosidad, pero hablar abiertamente de ello, estando tan cerca de ese momento, es algo a lo que habría que adaptarse, sobre todo siendo tan joven.