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12.16.2008

pie pequeño, mano pequeña

El secreto de mi no-éxito en sala de partos es que tengo un dedo indice que de a vainilla mide 2.5 pulgadas, con lo cual resulta harto dificil alcanzar a ver qué tan dilatada estan las parturientas en cuestion. Por tanto, solicito apremiantemente que una mano responsable tacte a las señoras pacientes. En los casos en los que estoy sola contra el cruel destino de una paciente en labor, me pierdo en el mundo de las ideas y se me ocurren cosas como esta.

9.05.2008

Finito


Y de repente, se escuchaba una voz de arriba que me decía: "Felicidades". Pensé que el cielo se había abierto y luego de la congratulación vendría mi castigo eterno después de vivir un cuarto de siglo en blasfemia. Pero se trataba de un constructor, un obrero que desde el techo de la Secretaría General de la Universidad había visto que en la mano llevaba el consabido papel, el diploma que no tenía donde meter, como las facturas de las gasolineras de autoservicio.

Quizá todo sea un presagio. Quizá, aunque el cielo no se abrió, si se trataba de una felicitación previa a la tortura: el internado. Y es que de hecho para mí, si se trataba de un papel que no tengo donde meter y me estorba tal como las facturas de las gasolineras.

Aparentemente, terminé la carrera. Gracias muchas, por todo.

3.10.2008

Púrpura imperial

Vestido de traje, zapatitos de escuela, pluma fina en el bolsillo. No medía más de 1.60 m, con una frente arrugada y tan amplia como su patròn de calvicie lo permite. Quién diría que detrás de tanta arruga habría una mente tan lúcida para los detalles, tan actualizada hasta en los más recientes saberes que la medicina molecular se ha antojado develar.

Llega con una suerte de asistente, se pensaría que es casi un empleado doméstico. Y es que estaba tan entrado en años, que no sería loco pensar que tiene instrucciones de no salir solo a la calle. Se presenta con un murmullo incomprensible. Lógico, no debe ser fácil en ausencia del mobiliario en la arcada dentaria superior y con un tono de voz imperceptible, pararse ahí con la pretensión de mantener la atención de un público joven, sobre todo si el contenido de la charla es tan minucioso que al hablar si quiera de un aminoácido se precisa el proceso íntegro de cuándo, cómo y quién lo descubrió, hasta la disposición de cada átomo que constituye la molécula pasando, claro, por el último acontencimiento publicado en cuanto a ese respecto el presente número de The Lancet, del British Medical Journal o vaya usted a saber. Casi me pregunto: ¿cómo es que se atreve?

Su vieja mano acierta a retirar la tapa del piloto con éxito. Su caligrafía en el tablero no deja lugar a dudas: su cuerpo no da más de sí.
¡Bravísimo! Terminó de apoyarse con el tablero, ahora es turno del carrusel de diapositivas. Un interminable tambor repleto hasta no dar más de trocitos de acetato que más que proyectar imágenes y ser un instrumento didáctico son una evidencia más de que el tiempo y el moho no perdonan a los objetos ni a sus dueños.

Y así empieza la función una vez más, con estos nuevos bríos y esta fuerza arrolladora de una amena charla. Bienvenidos sean todos a este, el que se supone debe ser mi último semestre.

9.20.2007

Aversión

Ocho pisos hay "de la cocina a la alcoba". No hay dios que aguante ese tren de subirlos y bajarlos varias veces al día con todo lo que eso conlleva. A falta de salones en la facultad, hay clases en el octavo piso del "Complejo", no en el quinto ni en el sexto, en el octavo y sin posibilidad de ascensor ni de salvación.

Dan las doce y el profesor no llega, doce y cuarto, doce y media; yo ya no espero más. No es que sea la diosa madre de toda puntualidad, es que es algo que me vence. Tan sencillo y tan complejo como que no soporto un minuto más en ese sitio. Ocho pisos, esta vez cuesta abajo, parece metafórico. Afuera el sol de medio dia, con esos rayos que vienen perpendiculares a la superficie de mi centro de calor, esos rayos que no perdonan y que sí castigan.

Cruzando a la universidad, como protocolo para el regreso a ninguna parte, una chinita uniformada de colegio me para y pregunta: "Joven, sabe dónde está la facultad de medicina?". Yo quiero decir NO, un no que va más allá de su pregunta, no que no sepa dónde está, no es que no quiera decirle, es solo que no, no... no lo hagas! "Mira, la tienes a tus espaldas", acerté a decir.

8.13.2007

Síndrome de domingo por la tarde

Sensación inminente de que el fin de algo llega y de que lo que está por empezar no es precisamente mejor a todo lo anterior. Quisiera que el tiempo no pasara hacia adelante, tampoco para atrás, aunque viendolo bien, este instante con estas ansiedades no es tampoco muy esperanzador. En su cabeza se repite una y otra vez "una nube negra es el pizarrón, una nube negra es el pizarrón"*. Abre los ojos y ya no hay nada que hacer, se fueron.



*Para los que conocieron los pizarrones negros, ¿alguno se acuerda de esa astrológica/nómica canción de primaria? Corre niño corre, pajarito vuela, que las estrellitas estan en la escuela. La maestra luna, dicta la lección, una nube negra es el pizarrón...

8.01.2007

Mission aborted

Un día el programa educativo correspondiente a aquellos, mis dias de mocedad, dispuso que al cuarto grado de primaria, todo niño empezara a conocer, digamos en detalle, los órganos de los sentidos. La maestra llega al capítulo vista, versículo función y empieza a decir que el ojo humano funcionaba como una cámara fotográfica. Consciente, quizá, que la ignorancia viene tomada de la mano con la juventud, asumió muy acertadamente que nosotros, niños de 9 años no teníamos idea de cómo funcionaban algunas cosas. Entre ellas incluyamos al ojo humano y a la cámara fotográfica, con lo cual se nos guió hacia la luz del saber y se nos explicó, en lenguaje sencillo cómo funcionaba la bendita cámara, para así entender oportunamente la analogía, y llegar al objetivo ulterior: aprender cómo funciona el ojo (y la cámara).

Varios años después, digamos bastantes, me toca reconocer que dudo si el objetivo de tan ambiciosa aspiración educativa se haya alcanzado satisfactoriamente conmigo.

7.13.2007

Oligocracia

Era la primera clase. El hombre encargado de la charla era un señor entrado en años que no paraba de hablar, de hablar incoherencias; se trataba del Doctor Zhivago. Fueron dos horas de sopor y de un constante autocuestionamiento: ¿yo qué hago acá?
Al final consideró oportunó repartir asignaciones varias entre los estudiantes. Cuando le pregunté para cuándo quería que se le entregaran los trabajos me dijo: En la próxima clase, hable con el Doctor Zhivago, que él los va a evaluar. Para mí fue confirmatorio que el tipo estaba definitivamente mal. Hablaba de sí mismo en tercera persona!
En verdad no me equivocaba, el tipo estaba definitivamente mal, sin embargo el antecedente confirmatorio no era tal. En la siguiente clase comprendí que el doctor Zhivago al que él hacía referencia, era su hijo, que también estaba encargado de la cátedra.

6.29.2007

Analogías

No me gusta hacer tactos vaginales, sobre todo en las embarazadas. Al margen de lo incómodo, asqueroso, doloroso y tal, más bien es porque me da la sensación de estar rellenando un ave, de metro y medio, y eso señores, para mí resulta harto bizarro. Dicho estoy con el permiso de ustedes, me retiro a examinar úteros grávidos en contra de mi graciosa voluntad =)

6.27.2007

Sube el telón, bienvenidos todos al teatro de lo absurdo

Finalmente tuve cinco minutos. Cinco minutos en los que pude sentarme, luego de cinco horas seguidas de estar de acá pa' allá, obedeciendo órdenes de todo el mundo, desde "los cabos" hasta los "oficiales"...
Entonces llegué allí, a la silla del puesto de enfermería y frente al telefono un monton de papelitos pegados a la pared, llenos de números de todos lados: desde la sala 1 hasta la sala 25, pasando por el telefono del laboratorio, el del residente de turno, el del médico funcionario, el del jefe del servicio, el del otro servicio, el del otro hospital. Y en una listita bien prolija y visible, los números de KFC, Pizza Hut, Tamburelli, Popeye's, y todos los "deliveries" que uno se pueda imaginar. Hasta aquí nada mal, digamos que resulta hasta oportuno considerarlos entre los teléfonos de importantes en caso de emergencia. Sin embargo entré en conflicto cuando al lado de todos esos teléfonos había otro cartelito que decía: "Prohibido comer, tomar café, coca cola..." En verdad esos tres papelitos pegados en esa pared resumen muy bien la esencia de lo que he visto en esta, mi vida hospitalaria.

6.07.2007

Hermano cuerpo

Confesaré en este espacio lo que puede parecer evidente para quienes han tenido la deferencia de leerme después de cierto tiempo. Quizá sea contraproducente, en lo que al negocio se refiere pero definitivamente no, no fui hecha para hacer medicina, no esta medicina, no de esta manera. Con lo cual, ya puede usted imaginar que los días en esta carrera son una gran tribulación consuetudinaria, a la que uno trata de adaptarse. Unas veces se consigue, otras no porque es como todo, no siempre se gana...

Y es que estas reflexiones vienen a santo de que, a pesar de los relieves y depresiones del camino, veo todo esto como una gran oportunidad. Una oportunidad importante de entrar en contacto con la humanidad misma en un ambiente que se exige ser completamente deshumanizado.

Así uno se va enriqueciendo con una variedad de experiencias que al principio superan lo cotidiano, pero que posteriormente propician lo inevitable. Por ejemplo, se empieza interactuando con cadáveres desde una perspectiva distinta. Ese cuerpo pasa, de ser hijo de alguien, de recibir un salario con cada quincena, de salir con amigos y de descansar por las noches, a ser tan lisa y simplemente el cadáver de la mesa 7, que en cuatro meses deberá estar disecado de palmo a palmo para que unos cuantos aprueben anatomía. Cierras los ojos y al abrirlos pasaron un par de años de suplicio y resulta que estas en medio de una autopsia. Tú y tus ideas preconcebidas a fuerza de experiencias propias, ajenas o de la tele; te encuentras allí y ya no es como en anatomía. Ahora cuerpo todavía está caliente caliente, y hay familiares llorando detrás de la puerta donde aquel padre de familia esta siendo, con justificación o sin ella, cortado a pedazos.

Todo eso, de una forma o de otra, impresiona, pero no se compara con las cirugías. Llega la ambulancia y de ella sale una camilla con una persona o lo que quede de ella con los huesos expuestos en tres extremidades, todo es sangre, todo es caos. ¡Métanlo al salón! En el salón famoso hay salsa de la buena, y un personal que baila, y nada mal; que no se enteran de que lo que hay en la mesa es sujeto y no un objeto, no una fractura de tercio proximal de femur con luxación anterior de cadera. Y todo es sangre y todo es caos, e impresiona, sí.

Sin embargo, me toca admitir que hoy ha sido la primera vez en todos estos fructíferos años de vida universitaria que he tenido que voltear y mirar para otro lado. Hoy vi cómo unas refulgentes pincitas, minúsculas y afiladas entraban en un ojo de una persona viva y despierta, con el noble propósito de curar... unas cataratas. Agujas de jeringas que entran y salen, estiro aquí, recorto allá, mira pa arriba reina, y la imposibilidad de pestañear, y sí, anestesia local, pero y qué más da... Fue tenaz... todavía veo el cristalino saliendo del ojo como una pildorita de vitamina E. Todavía no terminamos, chomba, hay que suturarte eso...

6.02.2007

Cuando el tiempo te arrebata la razón

Cuando pensé que las cosas no podían ser peores, el médico residente llama a sala y me ordena bajar a urgencias, y allí estaba él. De la puerta colgaba un rótulo: "Cuarto de yeso", con un papelito en la esquina que decía "AQUI SE HACE LO QUE AL VIEJO LE DA LA GANA". Era una suerte mazmorra, un cuarto apartado, sucio y descuidado; y así justamente se proyectaba él. ¿Leiste el papelito de afuera? pues éste es El Viejo, me dijo el residente. Sonreí por cortesía, pero desde que lo vi supe que estaba ante el típico un Viejo impertinente y pensé que de ese día en adelante iba a ser altamente conveniente evitar todo contacto con el señor.

Entra un paciente anciano con unas muletas, el residente le indica al Viejo el tipo de férula que tocaba colocarle al hombre. El Viejo, con marcha de base ancha y su aspecto de barbero de los '50 prepara el yeso, las vendas y se acerca al paciente. Le tuerce el tobillo de la manera más bizarra, como si se regocijara en oirlo gritar, como si nunca en su vida hubiese escuchado el término analgesia, es impactante oir gritos de dolor, desde un lugar así y bajo esas circunstancias. Y en efecto, sobre la marcha El Viejo dejaba saber todo lo impertinente que podía ser, hasta sin proponérselo. El resto del personal, reía como si nada con él. Sentía como si fuera la única capaz de ver que ese hombre no debía estar ahí, no haciendo eso. Terminó la semana y si tocaba ir a urgencias, me aseguraba no coincidir con El Viejo.

Sin embargo, ayer fue inevitable, como aquella vez, me ordenaron bajar y no me quedó más remedio que obedecer, porque cuando el sistema es así de vertical, tal vez la mejor manera de sobrevivir es domesticarse y ser tan subordinado como la dignidad permita. Eran las 7:00 pm, yo no daba más, pero apenas llevaba 12 horas de un turno de 24. Abro la puerta con resignación y estaba El Viejo, departiendo alegremente en compañía de muchas de las personas que habían hecho de mi vida un calvario mientras rotaba por ese servicio. Era mucho para mí, no tenía intención que se notara, pero estaba sumamente incómoda, no podía conmigo ni con nada de lo que pasaba a mi alrededor, sin embargo, muy a mi pesar, fue El Viejo quien me rescató. En medio de todo esa batahola de burla y escarnio, notó que para mí el ambiente era denso. En un momento en que preparábamos un yeso, en un cuarto con menos gente, me preguntó con tosquedad, pero con toda la buena intención que universalmente tiene la gente cuando envejece, si me pasaba algo, yo dije que no. Después de cuatro horas de anécdotas, de paz mental y de tratar inútilmente que moderara sus costumbres con los pacientes, ya no quería que El Viejo se fuera.

4.29.2007

Por qué no tenemos tiempo para estudiar

* Un año tiene 365 días para que podamos estudiar.

* Después de sacar 52 domingos, solo nos quedan 313 días.

* En verano hay 50 días en los que hace demasiado calor para poder estudiar así que nos quedamos con 263 días.

* Dormimos 8 horas al día, al año suponen 122 días, así que ahora estamos con 141 días.

* Si nos damos 1 hora al día para hacer lo que nos de la gana, 15 se han ido, así nos quedan 126 días.

* Gastamos 2 horas al día en comer, así que usamos de esta manera 30 días y nos quedan solamente 96 en nuestro año.

* Gastamos 1 hora al día hablando con amigos y familiares, eso nos quita 15 días más, nos quedan 81.

* Exámenes y tests nos toman como mínimo 35 días en nuestro año, así que solo quedan 46.

* Sacando aproximadamente 40 días de vacaciones y fiestas, nos quedamos solamente con 6 días.

* Digamos que como mínimo estás 3 días enfermo, estás entonces con solo 3 días para poder estudiar!

* Digamos también que solo sales por 2 días! solo queda 1 día!!!!Pero ese único día.....es tu cumpleaños!...así que...

Frikipedia

3.21.2007

La heredera


Todo semestre tiene una materia temible, por lo general la más inútil del pensum académico, esa corresponderá a la "inaprobable", la de la zancadilla.
Llega al auditorio el Dr. W, Zancadillólogo y dueño de la cátedra. Presenta con las pompas y flores de rigor a la Dra. F, Zancadillóloga, hija de uno de los más respetados profesionales en dicha especialidad. La joven doctora se acerca, con el tono doctoral que corresponde y da una clase magistral, valiosísima, leída en un 100% y comprendida en un 2%. "¿Preguntas?" Alguien levanta la mano pidiendo que F explique un tecnicismo que mencionó en su conferencia. F se remite con el tono doctoral que corresponde a decir un franco, descarado y oportuno "no sé". Luego de eso, ya que se agotaron las preguntas, las ganas de preguntar, y evidentemente las ganas (y/o capacidad de responder), F se retira, con elegancia, a ganarse un merecido y jugoso salario.

12.07.2006

Cuando sea grande quiero...

Trabajar en el Ministerio de Salud; porque ahí, a pesar de que la estructura se cae a pedazos y el ambiente es espeso, el clima de productividad es genial, sobre todo para quienes somos poco trabajadores como yo. Sí señor.
Y es que en estos días, por motivos ajenos a mi graciosa voluntad me tocó ir y lo encontré todo tan desierto. Pasillos y oficinas abandonados, cero funcionarios. A lo sumo un par de mensajeros o trabajadores manuales que miraban atentamente el sorteo de la lotería.
Me gustó la experiencia, espero que se repita para cuando les toque nombrarme.

11.21.2006

Reanimación neonatal

Señores padres de familia y público en general:

Sépalo, cuando su niño nace, en teoría, estamos obligados a realizar las maniobras descritas en el algoritmo a continuación presentado con el único propósito de garantizar el bienestar de su hij@.

REANIMACION NEONATAL
No obstante, debo aclarar que en cada punto que aluda a limpiar, además de procurar eliminar las secreciones propias del nacimiento, sepa que también pretendemos estimular al niño y con estimular quiero decir que su niño será restregado como una media en lavadero de vecina, de manera que no haga lo que yo, no se asuste si ve que su niño está siendo limpiado, estimulado y restregado con la ropa hospitalaria.

Ahora en serio, ya vi mi primer parto. Todavía no recibí ninguno, pero orgullosamente pertenezco al equipo de fregado de recién nacidos. Mis sinceras recomendaciones después de la experiencia: El alumbramiento es seiscientas catorce veces más horrible, doloroso y asqueroso de lo que cualquier primeriza se imagina. Así que, chicas: no se embaracen, no necesitan pasar por esto, se los aseguro.

10.25.2006

teorías conspirativas y teorías conspirativas

Conozco un profesor de aquellos de la "vieja escuela", pero contrario a lo que pueda pensarse el tipo no era ni riguroso, ni grosero, ni patán. Se trata más bien de un abuelito dulce, con ideas brillantes, buenos sentimientos y una formación excelente; pero... estaba senil.
Ayer me lo encontré después de mucho tiempo de no verlo, le pregunté qué le había parecido ese golpe bajo que recibimos con los resultados del referendum. Tan tranquilo como convencido me dijo que él sabía que todo había sido manipulado. Con toda inocencia pensé que el hombre tenía conocimiento de algo que yo ignoraba. No había yo terminado de pensar cuando me dice: "Claro! si Bush fue quien prestó ese poco de computadoras que usaron pa contar los votos". Me sonreí por dentro, mientras él seguía opinando. Le pregunté entonces cómo explicaba el abstencionismo masivo y naturalmente responde: "Es que el pueblo sabía que Bush había prestado las computadoras... "
Una ternura de abuelo.

10.12.2006

Porque yo fui una de esas...



Quién sabe, quizá lo sigo siendo...

10.07.2006

sobre huevos y piedras

Desde el primer día que cruzas la puerta de un hospital, en calidad de estudiante, siempre hay alguien que se encarga de hacerte comprender lo mucho que estorbas, lo poco que sabes y lo inútil que eres. Ante eso la gente se adapta e incluso aprende a ser así con todo el que, en esta taxonomía médica, esté por debajo de ellos.
Una vez te acostumbras a la verticalidad mezquina de este sistema de salud, sabes que siempre serás el huevo y ellos la piedra, si les caes te revientas y si ellos te caen, igual. De manera que esto de la presión psicológica no es nuevo.
Pero por más que creas que lo has visto todo, indiscutiblemente siempre surge algo inesperado; algo que para bien o para mal te desconcierta. Así pues, con todo y lo que he pasado en estos sopotoscientos años que tengo en la misma carrera, jamás había sentido mi ego tan pisoteado como durante esas dos semanas que roté en la consulta externa de la especialidad más insignificante de la medicina interna. ¿Arrogante yo? Tal vez.
Como sea, todo queda en familia. Mis jefes eran una pareja de doctores, genéticamente vinculados y altamente reconocidos en esta suciedad, por su abolengo más que por cualquier mérito médico. Y aparentemente, esa superioridad es algo de lo que no se pueden desvincular. Entrar en contacto con ellos desde un principio fue como retroceder al siglo XVII, ellos eran los latifundistas y nosotros los peones. No digamos tanto que era porque nos tocaba trabajar duro, pensemos por un momento que para eso estábamos; sino más bien por la manera tan déspota y tan humillante como nos trataban. De las cosas más light, recuerdo un día que me tocó asistir sola a uno de ellos, el médico A; mientras que mis otros dos compañeros estaban con el otro: el médico B. La jornada transcurrió sin sobresaltos, nada distinto a los desprecios y degradaciones de cada día. Todos terminamos el trabajo casi al mismo tiempo y pero no en el mismo lugar, de manera que cuando el B le dijo a los chicos que podían irse, A y yo no nos enteramos así que los colegas me buscaron para avisarme que nos podíamos ir. Me acerqué al doctor A, viendo que todo estaba hecho y en un intento de decir, "me necesita para algo más" le pregunté: " ¿me voy, doctor?" Para que fue eso. Comenzó a hablar enérgicamente, me preguntó que hora era y cual era mi hora de salida, me preguntó por qué razón me iba yo a ir antes, le dije lo que había pasado, llamó a B para confirmar si lo que yo decía era cierto, me dijo que fuera la ultima vez que yo DECIA que me iba, la próxima vez preguntara así: "doctor, me puedo ir?" que yo ahí no me mandaba, que quién me creía yo, que yo estaba muy mal acostumbrada, que ya era el colmo y un montón de cosas más. Cuando terminó sólo dije:" sí, doctor". Salí del consultorio, tenía la cara roja y caliente y una rabia muy grande. Salí del hospital y tenía tanto coraje que regresé, subí las escaleras y me vi abriendo la puerta del consultorio otra vez...
A este punto solo puedo decir que aún cuando he llegado a la mitad del camino estoy cansada de ser el huevo...

9.13.2006

capítulo 1 798 572

Hoy presentando:
Ratón de corte y ratón de aldea
desde el hospital regional de la localidad Z
Arrivamos
Una vez superadas las desavenencias obligadas del tipo no-doy-con-la-dirección, llegamos al hospital en cuestión. La estructura, lo primero que me fijo al llegar, se mantenía en buen estado. A penas la vi, empecé a elaborar y descartar teorías. Mi conclusión fue que a pesar de no ser tan nuevo como aparenta, se conserva porque lo usan muy poco.
Las salas eran amplias, sin aire acondicionado, pero favorecidas por una generosa brisa, resultaban medianamente agradables. Los ascensores relativamente conservados, y así todo en general. Pero lo cierto es que todo en ese lugar tenía un deje a interiorano que era imposible no poner las cosas en contexto una vez allí.
Esperamos
Se nos informó que el doctor R, no había llegado todavía, así que nos dispusimos a esperarlo en una especie de lobby improvisado para los visitantes. En eso, se acercó muy confianzudamente una señora, evidentemente paciente psiquiátrica y nos preguntó por gente que nosotras no conocíamos, pero asumimos que se trataba de otros estudiantes que en algún momento también pasaron por allí. Nos dijo que una tal Meri, por ejemplo se iba a casar con su hijo, que ya habían salido y todo "allá en Panamá" y millones de fantasías más. Por un momento se distrajo al verle el escote a una de las compañeras. "¡Cúbrete!, que ustedes vienen a una "escuela" donde no pueden enseñar nada, porque después los hombres se asoman (cosa que hizo) y dicen WAAAAOOOO". Acto seguido, nos pasó revista a todas, aprobando a algunas, desaprobando a otras, las cuales siguieron siendo sermoneadas.
R sediento de compañía
Siendo las 9:00 llegó el doctor R. Un señor que pasaba los cincuenta años, muy del tipo dandi, de esos que alguna época fue el más guapo del pueblo, porque en el pueblo no había nadie más. Y así con una tendencia verdosa, de aquellos que no conocen más ocupación que la de acicalarse, perfumarse y andar vagando todo el día buscandoa la primera que cae, nos recibió galantemente en su oficinita de cuarta. Al darse cuenta que eran 6 mujeres estudiantes pareció complacido, y el ambiente que ya era tenso, se enrareció más.
Así continuó todo durante toda la jornada, hasta que el peso de la situación se alivianó para nosotras al llegar la veintiúnica paciente femenina, una muchachita tímida y escuálida de 25 años, que llegó quejándose de tos y fiebre. Sin pensarlo dos veces R nos mandó a buscar una bata para la paciente mientras le indicaba donde desvestirse. La auscultó por todos lados y con mucho esmero la examinó (ahorraré detalles). Diagnosticó un resfriado común, pero le mandó una radiografía de tórax y le dijo que regresara...

9.01.2006

"Soy el mejor pediatra de la bolita del mundo amén, pero..."

No sé cambiar pañales.

Posiblemente en un momento de emergencia, de lo que menos dependa la vida de una lactante es de un pañal sucio, quien sabe. Lo cierto es que resultó deliciosamente gratificante para mi flaco y envilecido espíritu ver la escena de un todo poderoso doctor, no saber hacer algo tan simple como envolver a un niño en pañales.

Y no, no me avergüenzo de mí. =)